La estrella de Manolo Santana ya luce más allá de la tierra

por: Goyo Ybort. Fotos GYB/A. Simón, MMO, BOBS, C.R.


El sábado 11 de diciembre de 2021 forma parte de la historia triste del deporte español y del tenis en particular, tras el fallecimiento de Manolo Santana Martínez en Marbella.

La estrella del pionero español ya luce más allá de la tierra y lo hace 60 años y 6 meses después de que el madrileño levantara su primera ‘copa de los Mosqueteros’ tras vencer en París. Esa victoria de Santana sobre la tierra batida de Roland Garros suponía el primer título de grand slam para el tenis de nuestro país.

También de la diestra de Manolo llegarían las primeras victorias españolas en otros dos grandes: el Open de Estados Unidos en 1965 y Wimbledon de 1966. Y hasta dos finales con el equipo nacional en Copa Davis en 1965 y 1967. Luego acabaría disputando 120 partidos y 46 series de la Davis.

Santana había recibido en 2020 el prestigioso premio Philippe Chatrier de la Federación Internacional de Tenis (máximo galardón de la ITF).

La capilla ardiente de Manolo Santana tiene lugar el lunes 13 de diciembre, de 12 a 20 horas, en el estadio de la Caja Mágica que lleva su nombre; en ese escenario del masters 1000 que él, junto con su amigo y promotor Ion Tiriac, procuraron para Madrid y para España. Manolo dirigió el evento desde 2002 a 2018, cuando entregó el testigo a Feliciano López y se convirtió en presidente de honor del torneo.

En recuerdo de la genialidad de tenista y persona, La Quincena reproduce las últimas entrevistas en profundidad realizadas al ilustre madrileño por nuestro compañero Goyo Ybort, en el verano de 2016 y en noviembre de 2018.


Entrevista a Manolo Santana, en junio de 2016           

por Goyo Ybort. Con la colaboración de Javier Armero. Fotos GYB y cedidas M.S.


Nuestro compañero, y periodista, Goyo Ybort tenía previsto realizar una amplia entrevista a Manolo Santana, haciéndola coincidir con la temporada en que el extenista celebra el 50 aniversario de su número uno mundial y de su victoria en Wimbledon.

También, que esta entrevista debía realizarse en un entorno propio. Desaparecido el Club de Tenis Velázquez (posterior sede de la central de Iberia en la capital), donde Santana se inició; extinto el Real Club de Tenis López Maeso, en Aravaca, del que fue presidente y donde inauguró la primera pista de hierba en España junto al propio López Maeso, Borg, Vilas, Nastase y Clerc, en junio de 1994; restaba el Racquets Club de Marbella, su gran pasión y refugio.

Y así fue. En el privilegiado espacio del tenis marbellí, Santana compartió jornada y experiencias que hoy hacemos públicas en nuestro medio.

El madrileño, afincado en Marbella, Manolo Santana Martínez era miembro de una sencilla familia. Desde bien pequeño amó el tenis: desmontó una silla para construirse lo más parecido a una raqueta. Ganó sus primeras pesetas, para él y para su casa, corriendo dos manzanas para procurar taxis a los socios del Club de Tenis Velázquez en la época veraniega.

Luego, su prosperidad se tornó en victorias en Roland Garros en 1961 y 1964, también en dobles en 1963 junto a Roy Emerson; en el Open USA en 1965 y en Wimbledon en 1966. Además, ganó otros 70 torneos.

Estuvo entre los diez mejores del mundo durante siete años de principios de los ’60; siendo nombrado número 1 del planeta en 1966. Fue capitán del equipo español de Copa Davis, y disputó, como jugador, las finales de 1965 y 1967 sobre hierba. Tomó parte en el debut del tenis en los Juegos Olímpicos de Méjico en 1968, como deporte de exhibición, y se hizo con la medalla de oro.

Hoy es el director del Mutua Madrid Open, masters 1000 ATP, y aún recuerda a su madre como artífice de su brillante historia.

Desde tu punto de vista ¿cuáles son las escalas idóneas que debe seguir un niño desde el colegio hasta su hipotética meta en el deporte de élite? ¿Coincidirían con tus inicios?
“Yo espero que sean mejores que los míos, porque gracias al apoyo de tanta gente he llegado donde he llegado. Cuando yo tenía 10 años, vi por primera vez una raqueta de tenis, en el Club de Tenis Velázquez -en Madrid-, que era precioso. Ahí vi tenis y como me gustó mucho yo intentaba escaparme los sábados y domingos para ir a recoger pelotas al club. Entonces, para un chaval que le gusta, cuando salga del colegio y teniendo tiempo libre, directamente, no va a hacer falta que le insistan mucho, porque el va a ser quien va a decidir acudir a las horas que puede porque le dejan los estudios. Le tiene que gustar el tenis, primero; porque, hoy en día, se exige mucho más a los jóvenes, porque empiezan a jugar mucho más pronto y a los 7 u 8 años ya le pegan muy bien a la bola. Entonces, del colegio al tenis de competición ha de tener entusiasmo, no me gusta la palabra sacrificio, para llegar algún día, cogiendo su idea de juego, también viendo torneos en directo o a través de la televisión”.

Al principio ¿cómo te pagabas los viajes, la indumentaria, las raquetas?
“Tuve la suerte, o la busqué. Cuando murió mi padre yo tenía 14 años y unos socios del club de tenis me medio adoptaron. Empecé a jugar por las tardes y por las mañanas estudiaba. A esta familia nunca les olvidaré, los Romero Girón, que vivían en Goya esquina a Velázquez. Para mi fue un cambio brutal que, evidentemente, cuando tu coges el tenis con entusiasmo y mucha, mucha, ilusión, puedes llegar muy lejos. Ellos me pagaban todo ¿quién me iba a patrocinar, entonces? si la gente no sabía si la pelota era redonda o cuadrada, no tenía ni idea del tenis; y era lógico, después de tantos años de problemas, solamente podían jugar al tenis los que tenían la posibilidad económica”.

¿Cómo fueron tus primeras raquetas?
“Evidentemente en el C.T. Velázquez yo no tenía ninguna posibilidad de tener ninguna raqueta. Me encantaba, veía mucho, mucho, tenis; así que, con 10 años, cuando tuve un rato libre y como no tenía otra solución, me busqué el respaldo (enteramente de madera) de una silla de madera, arranqué otra pieza para hacerme el mango y de ahí me hice una especie de raqueta y allá que daba mis raquetazos. Imagínate cuando me dieron una raqueta de verdad. Esa primera raqueta de verdad me la dio un socio del club, que estaba combada, y empecé a jugar con ella. O le dabas en el centro o la bola se iba, era muy complicado”.

¿Dónde entrenabas tierra, hierba, cemento?
“La hierba no existía. Yo empecé a viajar con 17 años, jugué el junior en Barcelona, ese fue mi primer viaje; y se jugaba en tierra batida. Entonces, entrenaba en tierra batida en el Club de Campo y en el Velázquez, donde aprendí a jugar”.

¿Crees que, en general, está bien trabajado y resuelto el tema sponsoring en el deporte español de base?
“Pues no. Es muy difícil que apuesten por un jugador determinado, si no tienes la ayuda de las federaciones y los clubs es muy difícil competir. Salir de la base es dificilísimo. Hoy en día necesitas un entrenador, un fisio, sitio para entrenar, tienes que viajar, necesitas un poder económico muy importante para poder salir. Eso dobla el mérito de los deportistas españoles. Además, somos uno de los países que más tenistas tienen entre los veinte primeros del mundo”.

¿Te gustaría poder importar para el deporte español alguna fórmula de otro país en materia de promoción o formación de deportistas?
“De Estados Unidos. Yo me traería a Pepe Higueras, que fue número 7 del mundo. Cuando le vi en Paris, me encantó, porque hacía tiempo que no le veía. El está trabajando para la federación estadounidense, desgraciadamente, porque sabe muchísimo de tenis, y sería muy bueno incorporarle a nuestra disciplina”.

¿Qué organización, qué país, te resulta más ejemplar a la hora de organizar torneos y en la formación de jóvenes tenistas?
“Ahora España está en la línea increíble de organización de torneos para junior, para niños, sénior, torneos de gran categoría. Tenemos dos torneazos, Conde de Godó y nuestro torneo de Madrid, que es un lujo tener la posibilidad de que todos los mejores jugadores vengan a jugar nuestros torneos. Aparte, por mi experiencia, Inglaterra”.

Si estuviera en tu mano, ¿cómo mejorarías el panorama de torneos internacionales en España?
“Mientras no existan unos acuerdos entre federaciones, clubs y patrocinadores es complicado, porque es cierto que los junior necesitan mucha ayuda y, realmente, los clubs no tiene mucho dinero para apoyarles, y todo tiene que ser a base de encontrar patrocinadores que les guste el deporte y les guste el tenis”.

¿Cuál es la esencia del Mutua Madrid Open? ¿Qué reporta a los tenistas?
“Primero, lo más importante, es reconocer lo que hacemos con los junior y los pequeños que juegan sus torneos, donde los ganadores saben que van a estar en Madrid, jugando en las mismas pistas en las que entrenan los grandes campeones. Creo que es una motivación tremenda para esa juventud que mañana van a ser profesionales. Pero, al mismo tiempo, juega muchísima gente que no se va a dedicar al tenis profesional, que se quiere divertir y que lo quieren pasar bien. Las pistas de la Caja Mágica son excelentes”.

¿Cuáles son las mayores satisfacciones y los mayores contratiempos para un responsable de un torneo importante?
“Las satisfacciones, cuando hablas con los jugadores. Ahora en Nueva York, solemos tener una reunión con jugadores y mánager y ya, más o menos, nos dan una idea de los que van a venir a Madrid. Entonces, la satisfacción es que haya un jugador, como por ejemplo Roger Federer, que este año, cuando se retiró, hizo una rueda de prensa y lo primero que dijo es ‘lo siento por Manolo, después del entusiasmo que ha puesto por este torneo, pero, desgraciadamente, no puedo jugarlo’. Eso, para mi, fue una satisfacción enorme, que reconociese el esfuerzo que hicimos para que estuviera en Madrid.

Siempre hay nervios, pero se quitan cuando llevas una semana que entras a las 8 de la mañana y te vas a las 2 de la madrugada; entonces, ya estás como habituado a las reuniones de todos los días, en las que estamos cuidando todos los detalles, no solo son las pistas, sino todo lo que llevan los stands, los restaurantes, los niños recogepelotas, los jueces de línea, que son importantísimos para nosotros; es el conjunto de lo que lleva una organización de un torneo tan importante”.

¿Puedes ordenar fuerza física, fuerza mental y calidad técnica?
“Calidad técnica. Luego mental, porque al físico llegas si tienes un buen preparador, si te gusta sacrificarte, y pasas el tiempo que creas para que cojas la fuerza suficiente. La parte que tu tienes que desarrollar es cómo vas a jugar un partido u otro, ya que no todos los oponentes son iguales. Hay gente que no ve mucho tenis y yo me he dedicado toda mi vida a ver mucho tenis, a ver muchos partidos. Si yo jugaba contigo y me ganabas, obviamente pensaba cómo tengo que hacer yo para ganarle. Mi objetivo era intentar copiar de los grandes, ver los fallos que siempre tienen los jugadores. He pasado muchas horas viendo tenis y ahora me veo una final tranquilamente, me encanta. Afortunadamente, a mi mujer le gusta como a mi o más; así que no tengo ese problema de que me digan que hartura de tenis”.

Desde tu punto de vista ¿cuál sería el arquetipo de jugador ideal para ser número 1 del mundo?
“Rod Laver, porque tenía una facilidad impresionante para jugar, siendo bajo de estatura como yo. Hoy, Rafa Nadal, porque tiene un físico extraordinario, me encanta verle cómo desarrolla los partidos. Indudablemente, para ganar tantas veces como ha ganado a Federer, hay que jugar muy bien punto tras punto todos los partidos y Rafa en eso es muy bueno”.

¿Qué diferencia de raquetas, por golpes, hay entre las que usabas en esos grandes triunfos y las de ahora?
“Cuando veo raquetas como las que me has traído (Slazenger Challenge nº 1 y Spalding Manolo Santana), o veo las que tengo por aquí, me digo a mi mismo: cómo podíamos jugar nosotros al tenis con estas raquetas, con el esfuerzo que había que hacer. Sobre todo, yo aprendí de los australianos pegar un golpe liftado, que con esas raquetas es prácticamente imposible, pero lo hacíamos porque no teníamos otro remedio. Entonces, yo aprendí de los australianos jugar así y afortunadamente me dio mis frutos. Las raquetas de madera no tienen nada que envidiar a las actuales, lo único que pasa es que, lógicamente, no se pueden comparar unas etapas con otras, la vestimenta, jugadores, ropa, zapatos. Cada vez que voy a Wimbledon me digo cómo podíamos mantener que nosotros no podíamos ni sentarnos. En los intercambios no nos podíamos sentar, si querías ir al baño no podías y si tenías una lesión te la tenías que aguantar y si no podías jugar tenías que abandonar. Ahora hay como muchas más facilidades, y yo me alegro de que sea así, porque lo hace más fácil para el jugador. Yo jugué la final del Open USA, en Nueva York, en hierba, y empezó a llover; y había un jugador mejicano, Rafael Osuna, que era íntimo amigo mío, competíamos muchísimo juntos porque teníamos un tenis muy igual, y me vio que yo me estaba resbalando constantemente, pero no querían parar el partido porque no llovía suficiente. Entonces, se acercó en uno de los cambios y me dijo: por qué no te pones unos calcetines, que yo voy a comprar, y cada dos juegos te los cambias por los secos y verás como no te caes. Y así jugué la final, con el pie deslizándose por dentro de la zapatilla”.

¿De qué participación con el equipo español guardas mejor recuerdo? ¿Por qué?
“Cuando jugamos la olimpiada de Méjico en 1968, que fue exhibición. Juan Antonio Samaranch, que era un hombre que tenía una visión increíble del deporte, me dijo un día: ‘Manolo el tenis tiene que estar dentro de las disciplinas de los Juegos’ y le dije en qué puedo ayudarte. Me dijo, ‘yo ya he conseguido que en el 68 se juegue por primera vez de exhibición, y me han prometido que en el 72 entrara’. Se organizó el torneo en Guadalajara, me dio carta blanca para que yo pagara lo que tuviera que pagar a los jugadores, llevé a los mejores que había en aquel momento y tuve la suerte de ganar la medalla de oro y el doble con Manolo Orantes. Fue una satisfacción enorme que le dimos a Juan Antonio y siempre, siempre, que el podía nos echaba una mano”.

¿Qué supone el Racquets Club de Marbella para ti?
“Mi segunda casa. Me encanta. Estuve 20 años en Puente Romano. Cuando llegué a Marbella, Björn Borg estaba antes que yo. Cuando el decidió que no era lo suyo estar viviendo en la Costa del Sol, me propuso para que yo dirigiera el club de Puente Romano. Ese club que es precioso, está todo construido como el dueño quiso, que me dio carta blanca para cómo yo haría el mejor club, porque el tenía que vender todos los terrenos que tenía al lado y los apartamentos. Fue una combinación muy buena y. para mi. muy importante esa conexión que sigo teniendo con Puente Romano.

El Racquets nace de una reunión entre el ayuntamiento de Marbella y Puente Romano, porque piensan que Manolo Santana puede ser el que venga a este club, que ya estaba algo construido. Y cuando yo vi que era un sitio precioso, obviamente, decidí dejar la dirección de Puente Romano y venirme aquí. Para mi es un placer venir cada día aquí, porque primero hago mi preparación física, luego, de vez en cuando, con uno de los monitores hacemos unos canastos de bolas, comemos aquí y no cenamos aquí porque cerramos el club. Paso, prácticamente, todo el día aquí. En este club tenemos muchas visitas internacionales y una buena y numerosa escuela de niños”.

¿Qué crees que has hecho bien para estar tan reconocido con el paso del tiempo?
“Ser hijo de una mujer extraordinaria (Mercedes). Mi madre fue la que me enseñó. Primero, no hay que olvidar que mi padre estuvo diez años en la cárcel cuando terminó la guerra civil. Mi madre, que tenía todo el derecho de poder criticar, en casa nunca habló nada de ello, con lo cual yo que me he desenvuelto en un deporte de minorías, donde la gente que jugaba al tenis era la que económicamente podía. He aprendido muchísimo a reconocer los fallos, que tengo muchos; pero que realmente cuando he dicho me he equivocado y he tratado de conseguir el objetivo, es lo que me ha ayudado a ser tenista y llegar donde he llegado en el tenis. Como yo en hierba no tenía ni idea, ganaba en Roland Garros y llegaba a Wimbledon y me ganaban, entonces yo tenía que encontrar la solución para ganar algún día lo máximo que se puede ganar: un torneo como el de Wimbledon. Celebro este 50 aniversario aún más, porque voy todos los años y los ingleses cuidan mucho a sus figuras, a sus estrellas. Yo no me considero ni figura ni estrella, lo que si me considero es un buen jugador, que gracias al tenis he conseguido lo que estáis viendo aquí y todo lo que está detrás. Sigo ahí, porque me encanta, porque no me cuesta coger un avión para ir a ver Roland Garros, Wimbledon o el US Open. Voy a Roma todos los años porque soy muy amigo de Nicola Pietrangeli, presidente del torneo. Me gusta estar involucrado porque, además, yo soy un convencido de que si no estuviera tan metido dentro del mundo del tenis, la gente diría y Santana quién es; y eso lo aceptaría. Efectivamente, muchos deportistas dejan de hacer el deporte, se meten en su oficina o en el trabajo que tengan y como que desaparecen un poco del mundo de la competición. Yo estoy tan metido en la competición, que me encanta, y entonces… Yo no veo un partido 5 minutos, lo veo entero. Desgraciadamente, en mi torneo en Madrid tengo tantas cosas que hacer, pero de vez en cuando me voy al palco, tranquilo, y veo los partidos que me gustan”.

¿Cuáles han sido tus mejores y tus peores momentos vividos dentro del deporte?
“Solamente recuerdo los buenos, los bonitos. Los otros, yo se lo que he hecho, como he dicho anteriormente, que procuro siempre corregirme las cosas que no salen como me gustan”.

¿Y los mejores son triunfos?
“No quiero que se tome como vanidad, pero soy de los pocos jugadores que siempre que ha llegado a la final he ganado. Recuerdo un torneo de recogepelotas, que hicieron en el Velázquez, que con 12 años llegué a la final y gané. Primera final que jugué de campeonato de España junior, fui a Barcelona y gané. Primer grand slam que juego y lo gano. Primer torneo que juego en hierba, final del Open USA y lo gano, entonces…”

¿Crees que a ese niño de entonces le pudo empujar el deber ser agradecido con quienes le habían apoyado?
“A mi me encantaba que mi madre, cuando llegaba, la pobre siempre me preguntaba: ¿y eso del tenis cómo es? No tenía ni idea, pero yo sabía que cuando iba a jugar un torneo iba siempre más limpio que nada, porque ella se cuidaba totalmente de hacerlo. Sobre todo, el sacrificio tan grande que hizo para cuidar de cuatro chicos, problema dificilísimo. Yo tengo que decir que la campeona de Manolo Santana ha sido mi madre”.

¿Qué te gusta recordar y transmitir de tus inicios en el tenis?
“El esfuerzo y las características de saber que como es un deporte individual tu eres el que tiene que solucionar tu problema, cuando tu sales a la pista, aunque hablo de hace 50 años. El problema que hay muchas veces es que echan la culpa a la raqueta, que la pista no es la adecuada, que están cansados, y, obviamente, todos hemos pasado por eso; entonces, yo siempre intento, cuando veo a algún chaval que le gusta el tenis, me voy a verle y le pregunto ¿tu me conoces? alguno dice pues no y otros que si. No me tiene por qué conocer un niño de 7 u 8 años, entonces su padre ya se encarga de decirle lo que yo he hecho dentro del mundo del tenis”.

Para terminar ¿cuáles son tus ilusiones, personal y deportiva?
“Vivir 20 años más, que seguro que lo voy a hacer, estoy convencido, lo que pasa es que con 98 estaría un poco jodidillo pero voy a estar metido dentro del mundo del tenis, seguro. Sobre todo, lo que haré será hacer muchas dejadas a los oponentes para que no lleguen a la pelota”.

Dedicatoria al periodista: “Espero que a esta entrevista tú le saques lo máximo, y que veas la parte positiva, que es la que realmente es importante en la vida”.


Entrevista a Manolo Santana Martínez, en noviembre de 2018              

por Goyo Ybort


Dos frases de Santana, de principio a fin:

Cuando conoció el tenis “no me podía imaginar nunca que unos señores con pantalón largo y señoras con falda larga podían desarrollar un deporte tan bonito como el tenis”.

Hoy, a los 80 años y medio, “juego con una gran ilusión porque me gusta muchísimo y me llena de satisfacción haber sido, un poco, el artífice de que el tenis sea tan conocido en España”.

Hierba buena
Manolo Santana Martínez dio el salto a la gran fama desde la hierba de Nueva York y Londres hace más de medio siglo.

A finales de 2018, Santana disfruta jugando al tenis en ‘su pista de hierba (artificial)’ del Racquets Club MS de Marbella a sus 80 años y medio.

Con 10 años vio por primera vez una raqueta de tenis, en el Club de Tenis Velázquez del centro de Madrid, y como no tenía ninguna posibilidad de disponer de raqueta alguna y le encantaba y veía mucho tenis; afirma que “cuando tuve un rato libre y como no tenía otra solución, me busqué el respaldo (enteramente de madera) de una silla, arranqué otra pieza para hacerme el mango y de ahí me hice una especie de raqueta y allá que daba mis raquetazos”. Por suerte, alcanzó su primera raqueta de verdad heredada de un socio del club, que estaba combada, “y o le dabas en el centro o la bola se iba. Era muy complicado”, para Manolo.

A los 14 años murió su padre y unos socios del club de tenis -la familia Romero Girón- (que nunca olvidará Santana) le medio adoptaron y comenzó a jugar por las tardes, estudiando por las mañanas. Ellos le pagaban todo. Decía Manolo: “¿quién me iba a patrocinar, entonces? si la gente no sabía si la pelota era redonda o cuadrada, no tenía ni idea del tenis; y era lógico, después de tantos años de problemas, solamente podían jugar al tenis los que tenían la posibilidad económica”.

Con apenas 16 años, pareció adaptarse bien a la pista rápida. Jugaba en el Frontón Recoletos (único lugar cubierto que ofrecía posibilidades) y luego en madera en el pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid.

Entrenaba y jugaba donde podía y las circunstancias le permitían, pero no pensando si luego iba a jugar sobre dura o sobre tierra. “Hoy es bien distinto”, dice el madrileño.

A los 17 años empezó a viajar y su primera parada fue disputar el junior de Barcelona, en tierra batida. Por entonces, entrenaba en la tierra del Club de Campo y del Velázquez, donde se inició.

Con 23 años recién cumplidos ganó su primer Roland Garros, repitiendo con 26 años (1964) y en dobles un año antes. También ganó el Open USA de 1965 (antepenúltimo de la era amateur y sobre hierba) y en la siguiente temporada agrandó su historia, triunfando en Wimbledon en 1966, mismo año en que fue nombrado número 1 del planeta.

En sus casi 20 años de alta competición (aunque con un breve paréntesis al inicio de la década de los ’70) sumó más de 70 títulos, estuvo entre los diez mejores del mundo durante siete años de principios de los ’60. Fue capitán del equipo español de Copa Davis, y disputó, como jugador, las finales de 1965 y 1967 en Australia sobre hierba.

Tomó parte en el debut del tenis en los Juegos Olímpicos de Méjico en 1968, como deporte de exhibición, y se hizo con la medalla de oro.

Santana reconoce que “aprendí de los australianos pegar un golpe liftado, que con las raquetas de madera era prácticamente imposible, pero lo hacíamos porque no teníamos otro remedio. Jugar así afortunadamente me dio mis frutos”.

Precisamente, fue uno de los tenistas más grandes de la historia, el australiano Rod Laver, ganador del grand slam en la misma temporada y para Manolo el arquetipo de número uno “porque tenía una facilidad impresionante para jugar, siendo bajo de estatura como yo”; dijo del madrileño que era un mago en la tierra batida, que enviaba la bola a los ángulos más increíbles y que le volvía loco con sus globos y sus dejadas; y, como mejoró mucho su volea, también se hizo peligroso en hierba.

También derrochó entusiasmo fuera de la pista, hasta lograr un masters 1000 para Madrid en 2002, de la mano de Ion Tiriac; torneo del que fue director y desde 2018 presidente de honor.

Santana asistió, en agosto de 1973, al establecimiento del ranking profesional, y al respecto del cambio de amateur a profesional opinaba no hace mucho: “El tenis es uno de los pocos deportes en el que cuesta trabajo cambiar las reglas establecidas hace mucho. La entrada de la ATP ha supuesto una evolución tremenda y que acabó con problemas anteriores, como si se podía pagar premios y la fórmula de hacerlo. La llegada de la ATP ha ayudado a muchas ciudades y clubs a la hora de hacer los torneos, y controlados por ellos. Era un paso necesario. Antes, había una serie de jugadores que pedían dinero por jugar y, quizás, no tenían ese valor; por eso el sistema actual es muy bueno, donde los jugadores luchan por la puntuación al final de año y poder acceder al masters. Más allá de pensar en los premios en metálico, piensan en los puntos, como profesionales”.

¿Cómo recuerdas tu participación y la posterior consecución de la primera Copa Davis española?
“Lo de 2000 fue la culminación de lo que tenía que haber sucedido antes. Siempre decíamos que fuera nos ganaban. Significó mucho para los jugadores y había que intentar consolidarla en otras superficies y lo han hecho de sobra. Fue una ilusión tremenda, porque no hay que olvidar que cuando jugamos nosotros la final contra Australia, en pista de hierba de su país, mis compañeros (Juan Gisbert y José Luis Arilla) estaban muy acomplejados de jugar contra Emerson y compañía, es decir los grandes campeones. Entonces, para mi se trataba de conseguir lo que era prácticamente imposible, que era ganar; pero bueno, gané a Roy Emerson allí, que era número uno del mundo. Más que la venganza de lo que no pudimos conseguir nosotros y si el equipo de 2000 (Joan Balcells, Álex Corretja, Albert Costa y Juan Carlos Ferrero), yo creo que lo más importante es la ilusión que han mostrado todos los jugadores hasta ahora, por jugar la Copa Davis. Indudablemente, fue increíble vivir aquella victoria, y con qué ilusión, en Barcelona, donde ya se asomaba Rafa Nadal (fue el abanderado del equipo español)”.

¿Te gustaría haber coincidido y poder jugar con el nuevo formato de la Copa Davis?
(Realiza una espera). “Es difícil poder contestarlo en este momento, pero lo que si es cierto es que es un cambio enorme, y vamos a ver cómo reacciona la gente y, sobre todo, cuando por ejemplo se juegue un partido con Armenia, o países que, con todo mi respeto, no son tenísticamente con los que España está acostumbrada a jugar, va a ser complicado. Pienso, honestamente, que se podía haber esperado un poco más. Tenemos que ver cómo funciona, porque estamos acostumbrados a otro tipo de Copa Davis, pero lo que si es cierto es que el público de Madrid siempre ha respondido y me imagino que responderá también. Bajo mi punto de vista, es verdad que la Copa Davis es una competición muy importante en la que la gente ha seguido todo muy de cerca desde la época de Santana hasta la de Nadal”.

O sea, ¿que defiendes más el encanto de las eliminatorias en los diferentes países?
“Es un ambiente tan tremendo el que se respira… Y el público español es un público exquisito. Mismamente, en la última eliminatoria en Francia, donde estuve, me encantó ver a los jugadores con la ilusión que estaban intentando ganar la eliminatoria”.

¿Habrá algún día no muy lejano más de 4 grand slam?
“Yo creo que sí (asevera). Si llegara a haber un sexto grand slam significaría que el tenis ha mejorado muchísimo. Indudablemente, tener la oportunidad de que haya grandes jugadores jugando el quinto o sexto grand slam. En cuanto a países candidatos para albergar, hipotéticamente, un nuevo grand slam, veo más países europeos que americanos, porque hay una cantidad de chavales, bueno, que ya juegan muy bien (léase Djokovic, Nadal y compañía)”.

¿Y a España la ves algún día con un grand slam?
“Yo creo que si. Creo que siempre hay probabilidades cuando la gente se entusiasma, como vosotros; lo que sería la pera es tener un grand slam nosotros (España), pero por qué no, si tenemos el dinero, tenemos las instalaciones y tenemos los jugadores, por qué no lo podemos hacer. Yo creo que sería… un bombazo”.

¿El tenis es un deporte clásico o admite variables para ganar como espectáculo?
“A la gente que le encanta el tenis, que le gustan los partidos, también le gusta el espectáculo de ver, por ejemplo, al gran maestro que es Federer, que hace lo que quiera con esa bola, para mi es un creador del tenis de gran altura. Creo que se incorporarán cosas nuevas para ganar como espectáculo, si echas la vista atrás diez años, no tiene nada que ver con lo que hay ahora. Todo depende del entusiasmo que tengan los jugadores y los preparadores y, por supuesto, tanto la federación como los patrocinadores. Las normas pueden cambiar un poco, pero lo más importante es que se mantenga la competición que siempre ha existido. Veo al espectador y al jugador más unido que siempre. La gente quiere ver tenis bonito y espectáculo”.

¿Cuáles son las condiciones que ha de reunir un jugador-a actual para estar en lo más alto?
“La consolidación, que tiene que tener físicamente para aguantar tantos partidos, tan largos y tan increíbles, con la velocidad que lleva la bola. Realmente, ganar ahora tiene mucho más mérito que cuando jugábamos nosotros”.

¿Es más importante, hoy en día, ser un buen sacador o un gran restador?
“Restador, porque indudablemente aguantar el tirón con el saque no es nada fácil, por lo que creo que el restador es más importante”.

¿Tu golpe favorito de ver (¿de quién)? ¿Y tu golpe favorito de ejecutar?
“Me encanta la derecha de Rafa. Me gusta mucho cómo varía los golpes con la derecha, que hace dejadas, que hace globos, que hace todo, por eso es tan bueno y tan espectacular verle jugar. De revés, me gusta Federer. Mi golpe favorito: la derecha, paralela, cortada; sobre todo, la variación que yo tenía, que lo mismo te pegaba una cortada, que un tanto largo y totalmente distinto”.

¿Con qué jugador de la historia te hubiera gustado echar un buen peloteo? ¿Por qué?
“Lo hice en Barcelona, cuando jugué con el monstruo australiano. Había muchos pero para mi era Roy Emerson. De los de hoy, con Rafa, claro que me gustaría haber podido tener la posibilidad de jugar, porque con dificultades pero yo seguro que podría controlar bastante bien la pelota (sonríe)”.

¿Qué gana, esencialmente, tu vida ahora, tras bajar la actividad en el Mutua Madrid Open?
“Bueno, para mi no es trabajo el Mutua Madrid Open (se ríe). Estoy constantemente metido en lo que es una pista de tenis y, lo más importante, es que de acuerdo con Ion Tiriac y Gerard Tsobanian hacemos un planning de los torneos en los que tengo que estar representando al torneo de Madrid”.

Personalmente, ¿crees que has cumplido el objetivo después de luchar para que Madrid tuviera un masters 1000, de conseguirlo y de llegar donde ha llegado?
“Anteriormente, ya se vivía el tenis internacional en Madrid, pero lo que sí es cierto es que todo mi interés era porque el tenis estuviese siempre a la altura que yo creo; y pienso que cuando un país como España, pequeño, con las dificultades que había para jugar al tenis, que lleváramos al tenis donde lo llevamos, creo que tiene un mérito extraordinario”.

¿Cuál es la esencia del Racquets Club Marbella?
“Primero que, para ser un sitio tan pequeño, tenemos 130 niños que vienen a la escuela. A mi me encanta estar con los chavales. En este club también tenemos muchas visitas internacionales. Afortunadamente, yo estoy aquí todos los días, porque me encanta el tenis, me encanta seguir, estar con los jugadores; es muy importante saber que estamos vinculados con un deporte tan bonito como el tenis. Para mi, es un placer venir al club cada día”.

Cuando entras ahora en una pista de tenis ¿cuáles son tus ilusiones o tus objetivos?
“Lo hago todos los días, cuando estoy en Marbella. Tengo dos monitores que son los que me están lanzando bolas a la derecha y al revés, me hacen moverme de un lado para otro, que me viene muy bien, y luego tengo la preparación física, que no hay que olvidar que Santana ya tiene 80 años y son muchos años; pero con la ilusión que tengo de haber sido, un poco, el artífice de que el tenis en España sea tan conocido, me llena de satisfacción. Me encanta que me tiren la bola al sitio que yo creo que voy a llegar, para mi es un entrenamiento normal y corriente que lo hago con una gran ilusión porque me gusta muchísimo, y sobre todo, cuando juego en la pista de hierba (artificial)”.

¿Qué recomiendas a los veteranos que van siendo mayores?
“Que sigan lo que puedan porque, indudablemente, es una cosa tan bonita… el tenis.

Muchas veces pienso cómo conocí yo el tenis: cuando yo lo conocí en el C.T. Velázquez no me podía imaginar nunca que unos señores con pantalón largo y señoras con falda larga podían desarrollar un deporte tan bonito como el tenis”.

Así es el pionero del tenis español, nacido de la humildad, a sus 80 años y medio.

Santana ha afirmado que España “tiene dos torneazos, Barcelona y Madrid, que es un lujo tener la posibilidad de que todos los mejores jugadores vengan a jugar nuestros torneos”.

También que, para mejorar la proyección de jóvenes jugadores y torneos internacionales, “mientras no existan unos acuerdos entre federaciones, clubs y patrocinadores es complicado, porque es cierto que los junior necesitan mucha ayuda y, realmente, los clubs no tiene mucho dinero para apoyarles, y todo tiene que ser a base de encontrar patrocinadores que les guste el deporte y les guste el tenis”.

Por último, Manolo guarda entre sus ilusiones “vivir muchos años más, que seguro que lo voy a hacer, estoy convencido. Lo que pasa es que con noventa y tantos estaría un poco jodidillo pero metido dentro del mundo del tenis seguro. En pista, sobre todo, lo que haré serán muchas dejadas para que no lleguen los que estén al otro lado de la red”.

Tenista y persona genial.