El madrileño que fabrica raquetas históricas

  • Entrevista a Amalio Sánchez Díaz

por Goyo Ybort – Fotos GYB y cedidas por ASD

 

Al estilo de los llamados carpinteros de ribera -que construyen embarcaciones de manera artesanal- o de los carpinteros de armar -que construyen casas o estructuras-, todavía quedan artesanos que trabajan la madera para convertirla en raquetas de tenis de hace 100 años.

El trabajo en madera es considerado el más antiguo conservado por la humanidad, y una de las personas que lo lleva a gala en nuestros días es el madrileño Amalio Sánchez Díaz.

Amalio, recién entrado en su séptima década de vida, es un genio de la ebanistería artesanal, o de la carpintería de raquetas si se quiere, también amante y practicante del tenis, que comenzó a reproducir aviones y navíos en madera cuando era un niño, tiempo en el que también se iniciaba raqueta en mano contra una pared.

Hoy, desde el pequeño ‘astillero’ habilitado en la parte baja de su vivienda, Amalio sigue construyendo históricos barcos. Pero de ese astillero han salido piezas tan exclusivas como la Hazells Streamline o un modelo Flat Top; o sea, dos auténticas joyas de la historia del tenis.

La Flat Top es una raqueta de finales del siglo XIX que presenta arquitectura de triángulo invertido con la parte superior de la cabeza plana. Su diseño fue, en cierta medida, emulado un siglo después por las denominadas raquetas cabeza de diamante.

La Hazells, nacida en los albores de los años ’30 del siglo XX, fue también insignia revolucionaria en su tiempo; con esos tres característicos brazos aerodinámicos que, igualmente, tuvo moderna proyección cuando Le Coq Sportif puso en la mano de Yannick Noah el modelo Concept 3 Oversize, de madera reforzada con grafito, con el que ganó Roland Garros en 1983.

Para conocer ese arte manufacturado, en La Quincena hemos entrevistado a Sánchez Díaz.

¿Dónde nace tu afición por crear a partir de la madera y cómo arrancaste?
“Nace de mi pasión por el tenis y porque tengo cierta costumbre y conocimientos en el trabajo de la madera. Desde chiquitito he tenido muchas ambiciones y me he criado rodeado de serruchos, de escofinas, de mi abuelo, de mi padre; porque también trabajaban la madera. Mi abuelo fue constructor de hélices de avión en la época del autogiro de Juan de la Cierva. Moverme entre serrín y virutas es algo que no puedo evitar.

Empecé haciendo maquetas de aviones, como a los ocho años. Después seguí con modelismo naval, con el que prácticamente llevo toda mi vida. La primera pieza seria que hice solo, con doce años, fue un barco, la Santa María para más señas. Siempre he tenido mucho interés por aprender temas de oficios, manualidades, y me han gustado las herramientas”.

¿Cuáles fueron tus inicios en el tenis?
“También a temprana edad, pero a nivel aficionado. Teníamos un patio en casa y achicharraba la pared a pelotazos. Antes, encontrar una pista de tenis no era lo fácil que ahora, así que nos apañábamos con cuerdas y tal para hacer algo parecido al tenis. Con la mayoría de edad empecé a trabajar y aparqué un poco el tenis, siempre a nivel aficionado. Y hace unos veinticinco años retomé el pulso de la competición, en torneos de raquetas de madera y en el ranking local de Getafe (Madrid)”.

¿Qué te llevó a reproducir una raqueta de inicios del siglo pasado?
“Pues, un desafío personal. En particular, la Hazells Streamline, porque la estructura de la raqueta en sí es súper moderna. Estamos hablando de una patente que se firmó en 1937 y luego Le Coq Sportif hizo raquetas exactamente igual, como la Concept 3 Oversize de Yannick Noah. Entonces, me chocó muchísimo que una raqueta tan antigua tuviera esa forma tan actual y, a pesar de ello, que no cuajara ese diseño. Tuvieron que pasar 70 u 80 años para que esa forma la adoptaran fabricantes actuales.

También porque, a nivel de coleccionista, es un objeto de deseo. Como se liberó esa patente -nadie la renovó-, al estar libre y hacerse pública, me lancé. Es una raqueta originaria de Inglaterra, presentada por un tal F. W. Donisthorpe en 1937 y que la hizo popular Bunny Austin. Con esa raqueta se llegó a jugar una final de Wimbledon, aunque no se llegó a ganar. Entre los jugadores de la época fue un diseño tan innovador que no cuajó, porque nadie más jugó con ella.

Otro objeto de deseo para coleccionistas es la Flat Top, por ser originaria de finales del siglo XIX, con forma casi de triángulo invertido y parte superior plana y que tuvo amago de reproducción posterior, cien años después, con las denominadas cabeza de diamante; por lo que me suponía otro reto”.

¿Cómo es el proceso de fabricación en la Hazells y la madera empleada?
“Para mí, era un reto, ya que la Hazells es complicada de producir porque tienes que hacer dos raquetas en una y unirlas después. La estructura de los listones con la que la tienes que fabricar tiene que encajar perfectamente; tienes que terminar las dos raquetas y, una vez terminadas, unirlas. Es complicado, hablando de un ámbito artesano doméstico. Puede llevar hacerla un mes largo.

Yo he visto reportajes de las fábricas antiguas de raquetas de madera en las que los moldes eran hidráulicos y se abrían y cerraban automáticamente, y se la daba la presión que se quisiera. Se metían todas las láminas de madera de un golpe, con la cola, la metían en el molde, más o menos con la forma, el molde se cerraba por presión hidráulica, y eso era todo.

Sin embargo, yo tengo que ir listón por listón, gato por gato, apretando centímetro a centímetro. Encolar dos listones de madera sobre el marco, sobre el molde, y luego esperar 24 horas para quitar los gatos.

He empleado maderas tradicionales que se han usado siempre en la fabricación de raquetas, y no solo en raquetas, sino en cualquier objeto que necesitara resistencia y flexibilidad. Siempre se usó la de haya, de fresno, sobre todo, y de arce. Son muy duras y, esencialmente, muy flexibles”.

¿Por qué reeditar una Flat Top?
“También a nivel de coleccionista es una de las muy raras y muy cara de conseguir e, igualmente, tiene su pequeña dificultad por el tema de hacer esas esquinas. Al tener la cabeza totalmente recta, pues esas esquinas, con unos ángulos tan pronunciados, también tienen su pequeño desafío a la hora de reproducir la madera. En la actualidad también ha habido y hay algunos modelos que tienen este estilo. Son un poco modas”.

¿Cómo valoras la evolución en la construcción de raquetas?
“En madera, la forma definitiva que se impuso al final fue, por ejemplo, la de la famosa Dunlop Maxply o de la Wilson Jack Kramer, raquetas de un solo mástil y con un óvalo más o menos regular. Las raquetas con las que se jugaba en los años sesenta, hablando de madera, digamos que fueron las que perduraron muchísimos años.

Al principio del siglo XX hubo mucha inquietud por buscar la forma ideal de la raqueta perfecta, que si las Flat Top, las Bulbous (con puño en forma de bola), etcétera; hasta que, yo creo, a partir de 1940 se estableció ya la forma definitiva, tipo Maxply, por ejemplo. La madera llegó hasta donde llegó, que fue lejísimos. De hecho, yo creo que es el material que ha estado presente durante más tiempo en toda la historia del tenis, superando la aparición del acero -en las Dayton, en los años veinte, cuando hasta las cuerdas eran de acero-; y superando la llegada del acero inoxidable con la Wilson T-2000, el aluminio, etc. Todo eso se acabó y se siguió jugando con madera.

Después, surgió, como en la raqueta Davis por ejemplo, madera de toda la vida con una lámina, por arriba y por abajo, encolada de diversos materiales como la fibra de vidrio; pero la madera seguía. Hasta que no apareció el grafito, la madera ha continuado en el tenis; siendo el elemento por excelencia en la historia de este deporte hasta hoy. Me imagino que el grafito en breve, u otros materiales más recientes, perdurarán en el tiempo. Si observamos el cambio que se produjo en el tenis con Björn Borg… y la madera estaba ahí. El tenis tiene mucho que agradecer a la madera”.

De las raquetas que has conocido ¿cuál te ha impresionado más y por qué?
“La raqueta más rompedora con todo lo anteriormente visto fue la Wilson T-2000 utilizada y popularizada por Jimmy Connors. Su estructura de tubo de acero y su singular forma de encordarla, la hacían espectacular”.

¿Qué características debe tener la raqueta ideal?
“Aquellas que te permitan sensaciones de control y comodidad. Que sientas la raqueta como una prolongación de tu propio cuerpo”.

¿Se puede jugar a gusto hoy en día con un modelo de los que fabricas?
“Hombre, yo puedo jugar con ellas; pero no, en general, porque el concepto del deporte en sí ha cambiado radicalmente. La raqueta por prestaciones tampoco daría la talla, porque el tenis, como deporte, no pretende lo mismo que pretendía cuando nació. El tenis no era un derroche físico, era un entretenimiento. Me imagino que, cuando empezaron las competiciones, se basaba más en lo artístico del tenis que en la fuerza física, en la potencia o en la velocidad de la pelota. Era algo más parecido al ajedrez. Pero claro, con la aparición de Borg y compañía se empezó a modificar el concepto que había sobre el tenis y se empezó a fundamentar en la resistencia, la fuerza física, la potencia. Entonces había que acompañar eso, y la madera ya no fue capaz de acompañarlo. Un golpe de ahora mismo… He visto al propio Borg con tres raquetas rotas en la mano. Se le pide tantísima fuerza y tantísima velocidad de pelota que la madera ha llegado hasta donde ha podido hacerlo”.

¿Qué tenistas te han llamado más la atención por su técnica o por la raqueta que empleaban?
“Quizá, quien marcó más el rumbo del futuro del tenis fue Borg. Si tenemos en cuenta que el tenis consiste en quitarle el tiempo al oponente para cogerlo tú, cosa que hasta su aparición se conseguía con astucia y arte, él introdujo la fuerza y la velocidad para conseguir el mismo fin”.

¿Cuáles son los valores del coleccionismo de raquetas con historia?
“Me gusta, como casi carpintero que puedo ser, la industria de la construcción de raquetas de madera. Cuando era pequeño, cayó un panfleto de las Maxply en mis manos y siempre he tenido relación con ellas. Hoy en día, tener en la mano una raqueta de madera es muy especial. Me gustan los objetos antiguos en general, y las raquetas son muy a valorar. El coleccionismo de raquetas, como todos, está rodeado de un poquito de fetichismo; tener una representación de raquetas más empleadas por los grandes campeones en la antigüedad, incluso en la actualidad, es objeto de deseo”.

Más allá de los coleccionistas ¿qué sensación causa llegar con tu Hazells a un club o a un torneo?
“Mucha admiración y mucha extrañeza. A la gente se le suben las cejas como diciendo: ¿cómo es posible? ¿Cómo que la has hecho tú? Les resulta difícil de creer. Pero, claro que quieren probarla y cogerla. En el torneo de antaño de los hermanos Sanz y Arcelus, en el Sport Center Manolo Santana de Boadilla del Monte, hubo gente que la comparó con una Maxply; y ambas llevaban las tensiones de su época original”.

¿Te has planteado que ante la admiración por tu Hazells pudieran surgirte encargos?
“No lo sé. En una pieza como esta, hecha de manera absolutamente manual, en casa, en momentos de tiempo libre, el tiempo de fabricación puede oscilar entre un mes o mes y medio. Además, quizás podría perder el encanto, por ser un encargo. Yo no sé si quien fuera a encargar esa raqueta iba a valorar lo que puede costar hacerla, y el cariño con el que se ha fabricado. Si consideramos que la raqueta actual de Federer está costando sobre los doscientos euros; entonces, yo tendría que pedir mil o mil doscientos euros; menos no podría. Puede que haya gente caprichosa que si se interese, porque hay gente para todo”.

¿Tienes proyectos de futuro en madera?
“Digamos que, en raquetas, todas las ambiciones que pudiera tener se apagaron con estos dos proyectos, que salieron muy bien. Ahora, apunto a seguir con el modelismo naval. Los barcos llevan mucho tiempo, con el último llevo diez años. Es un navío español de 74 cañones, que hago con los planos del Montañés, que combatió en Trafalgar y que, parece ser que por características de navegación, fue el mejor barco de 74 cañones de la época”.

¿Cuáles son tus ilusiones personales y para ayudar a personas desfavorecidas?
“Me gustaría seguir siendo feliz, de vez en cuando, para poder apreciarlo más y, por supuesto, seguir disfrutando del tenis. Para ayudar, supongo que poder crear una fundación en la que el altruismo lo presidiera todo”.

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