Madrid y la COP25 en clave humana

La cumbre del clima (COP25) que se celebró en Madrid el pasado mes de diciembre concluyó con la adopción de un acuerdo: “Chile-Madrid Tiempo de Actuar” que, según sus promotores, sienta las bases para que en este 2020 los países presenten compromisos de reducción de emisiones (NDC, por sus siglas en inglés) más ambiciosos para responder a la emergencia climática.

Así, grande y ambicioso se desarrolló este magno evento que acaparó portadas y horas de radio y televisión de todo el mundo durante 12 días, lejano para los ciudadanos de a pie que poco entendieron tantos tecnicismos, anglicismos y brillantez de desconocidos narradores. Pero hubo un detalle que a los madrileños no se nos escapó: Madrid protagonizaba todas las noticias, por anfitriona inesperada o simplemente por ser sede. Y, por ende, los madrileños demostramos que somos capaces de acoger grandes encuentros internacionales sin apenas incidentes.

No en vano, la ciudad albergó a más de 30.000 personas que coparon hoteles, restaurantes y calles, todas a la voz del reclamo de acciones contundentes en el cuidado del planeta. Paradójicamente, Madrid se gastaba más de tres millones de euros en iluminar sus calles con bombillas navideñas, un 27,7% más que el año pasado. Pero es que así de grande es Madrid. Da para todo, y todos contentos. Humana, pues. Y acaba la magia y queda la reflexión, o lo que es lo mismo, enero.

Reflexionemos entonces sobre los resultados… Los países deberán presentar compromisos climáticos antes de la próxima cumbre del clima de Glasgow, de modo que Naciones Unidas pueda elaborar un Informe de Síntesis previo a la COP26 que indique dónde estamos respecto al objetivo del Acuerdo de París de mantener la temperatura del planeta por debajo de 1,5ºC. Los Gobiernos tendrán que trabajar para lograr ciudades más resilientes, apostar por un transporte menos contaminante, una educación transversal, un sector empresarial comprometido con la sostenibilidad, una agricultura respetuosa con el medio ambiente, la conservación de la biodiversidad y una ciencia que nos dote de herramientas innovadoras para medir el impacto del cambio climático. Pero ¿qué nos toca hacer a los simples mortales?

Aunque no todas las voces están de acuerdo en que con esta cumbre se logró “algo” -además del mencionado posicionamiento de Madrid como la ciudad perfecta para organizar cumbres en un mes- el simple meneo de conciencias ha merecido la pena. Con que un solo madrileño haya captado el mensaje y esté realizando acciones individuales compatibles con el medioambiente, ya es ganancia.

Porque en clave humana, en la COP25 -además de hacernos sentir a los madrileños orgullosos de nuestra ciudad- los negociadores han acordado un nuevo Plan de Acción de Género que permitirá desarrollar medidas para dar respuesta al efecto desigual del cambio climático en mujeres y niñas, y a promover su papel como agentes del cambio en este proceso hacia un mundo libre de emisiones. Este nuevo Plan, que estará vigente hasta el año 2025 -cuando se tendrá que revisar-, pretende lograr más participación de las mujeres en la negociación internacional, y asegurarles un papel activo en la toma de decisión a nivel nacional. Eso también es ganancia.

Asimismo, la dimensión social de la agenda climática ha tenido por primera vez un papel protagonista, porque las discusiones en Madrid han reflejado que en el centro de la respuesta a la crisis climática deben estar las personas, sus preocupaciones y su futuro, y que afrontar este desafío es también avanzar hacia un modelo de prosperidad basado en la inclusión y en la equidad. Y así, de a poco o mucho, si cada uno pone de su parte y hace lo que le toca -los países, los Gobiernos y las personas- la esperanza de frenar el calentamiento global y de tener un planeta por muchos siglos más, se vuelve tangible. Asumamos nuestra pequeña cuota de participación. Nosotros también podemos hacer algo por cuidar la casa en que vivimos. Pensemos en clave humana.

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